Llegaste casi al final. Tienes los resultados, escribiste la discusión y redactaste las conclusiones. Entonces aparece un apartado que parece menor, pero que el jurado lee con lupa: las recomendaciones de la tesis. Y ahí muchos estudiantes se traban, porque no terminan de entender qué se espera en esa sección ni en qué se diferencia de lo que ya dijeron en las conclusiones. La buena noticia es que, una vez entiendes la lógica, redactar las recomendaciones de una investigación es de las partes más rápidas y agradecidas de escribir. Esta guía te explica qué son, cómo hacer las recomendaciones paso a paso y cómo evitar los errores que más restan puntos en la sustentación.
Qué son las recomendaciones de la tesis
Las recomendaciones son las propuestas de acción que tú, como autor, planteas a partir de lo que encontraste en tu investigación. Son la respuesta a una pregunta muy concreta: "con todo lo que descubrí, ¿qué conviene hacer ahora?". No describen lo que pasó —de eso se encargan los resultados y las conclusiones—, sino que miran hacia adelante: sugieren qué cambiar, qué profundizar, qué aplicar o a quién advertir.
Dicho de otro modo, las recomendaciones son el puente entre tu estudio y el mundo real. Tu investigación generó conocimiento; las recomendaciones explican para qué sirve ese conocimiento y quién debería usarlo. Por eso, aunque suelen ocupar poco espacio, son una de las secciones que más demuestra madurez académica: revelan que entendiste el alcance y la utilidad de tu propio trabajo.
La diferencia clara entre conclusiones y recomendaciones
Aquí está el malentendido más común de toda la tesis, y vale la pena dejarlo grabado con una sola frase: la conclusión dice qué encontraste; la recomendación dice qué hacer con eso. Una mira hacia atrás, la otra hacia adelante.
La conclusión cierra la investigación. Resume tus hallazgos principales, los confronta con tus objetivos y responde a tu pregunta de investigación. Es una afirmación basada estrictamente en tus datos: lo que demostraste, ni más ni menos. Si quieres dominar esa parte a fondo, en Mentary tenemos una guía dedicada a cómo redactar las conclusiones de la tesis.
La recomendación, en cambio, es propositiva. Toma esa conclusión y la convierte en una sugerencia concreta. No afirma algo sobre tus datos, sino que aconseja una acción derivada de ellos. Veamos el contraste con un ejemplo genérico:
- Conclusión: "Se evidenció que la falta de capacitación del personal se asocia con un mayor número de errores en el registro de datos."
- Recomendación: "Se recomienda a la institución implementar un programa de capacitación trimestral en manejo de registros, dirigido al personal del área operativa."
Fíjate en la mecánica: la conclusión reporta un hallazgo (hay relación entre falta de capacitación y errores) y la recomendación propone qué hacer al respecto (capacitar al personal). Cada recomendación debería poder rastrearse hasta una conclusión concreta. Si no puedes señalar de qué hallazgo sale, probablemente no es una recomendación válida sino una opinión suelta.
La conclusión responde "esto fue lo que pasó". La recomendación responde "esto es lo que conviene hacer ahora". Si una recomendación no nace de un hallazgo tuyo, no es una recomendación: es una opinión.
¿Van juntas o en apartados separados?
Esto depende de las normas de tu programa. Algunas universidades piden un único apartado titulado "Conclusiones y recomendaciones"; otras exigen secciones independientes y numeradas. Revisa la guía de tu facultad antes de maquetar el documento, porque es un detalle de forma que el jurado nota de inmediato. Si tienes dudas sobre cómo se ordena todo el cierre del documento, te puede servir nuestra explicación de cuáles son los capítulos de una tesis y qué va en cada uno.
Sea cual sea el formato, hay una regla que no cambia: nunca mezcles ambas cosas en el mismo párrafo. Aunque vayan bajo el mismo título, presenta primero la conclusión y, claramente diferenciada, la recomendación que se deriva de ella. Fundir las dos en una frase es justo lo que confunde al lector y lo que hace que el jurado pregunte "¿esto es lo que encontró o lo que propone?".
Los tres tipos de recomendaciones
No todas las recomendaciones apuntan al mismo lugar. Clasificarlas te ayuda a no dejar ninguna por fuera y a que tu apartado se vea completo y profesional. Estos son los tres grandes tipos:
1. Recomendaciones prácticas o aplicadas
Son sugerencias de acción concreta para quienes trabajan en el campo que estudiaste: profesionales, empresas, comunidades, equipos. Responden a la pregunta "¿qué debería cambiar en la práctica a la luz de mis hallazgos?". Por ejemplo, proponer un protocolo nuevo, ajustar un procedimiento o introducir una herramienta. Son las más valoradas en tesis de corte aplicado, porque demuestran que tu investigación tiene impacto fuera del papel.
2. Recomendaciones para futuras investigaciones
Toda investigación abre puertas que no alcanzó a cruzar. Aquí señalas qué quedó pendiente, qué variables valdría la pena estudiar, qué población ampliar o qué enfoque metodológico podría complementar el tuyo. Estas recomendaciones suelen nacer directamente de las limitaciones de tu estudio: si tu muestra fue pequeña, recomiendas replicarlo con una muestra mayor; si fue cualitativo, sugieres un abordaje cuantitativo que mida lo que tú describiste. Es la forma honesta de reconocer el alcance de tu trabajo sin que parezca una debilidad.
3. Recomendaciones para la institución o las políticas
Cuando tus hallazgos tienen implicaciones de gestión, de organización o de política pública, este es su lugar. Van dirigidas a tomadores de decisión: la universidad, una entidad, un ministerio, una dirección. Por ejemplo, sugerir que se incorpore un criterio en un reglamento, que se destine presupuesto a un área o que se establezca un programa institucional. Eso sí: cuida que la recomendación siga dentro del alcance de lo que tú estudiaste y no se convierta en una propuesta política sin respaldo en tus datos.
Cómo redactar las recomendaciones paso a paso
Una buena recomendación cumple tres condiciones simples: es concreta, está derivada de tus hallazgos y es viable. Si cualquiera de las tres falla, la recomendación se debilita. Así puedes construirlas:
- Parte de un hallazgo, no de una idea suelta. Antes de escribir, lista tus conclusiones principales. Cada recomendación saldrá de una de ellas. Si una propuesta no se conecta con ningún hallazgo, déjala fuera o reubícala como recomendación para futuras investigaciones.
- Sé específico: di qué, quién y, si puedes, cómo. "Mejorar la comunicación" no es una recomendación; es un deseo. "Establecer reuniones quincenales de seguimiento entre el área X y el área Y" sí lo es. Cuanto más aterrices la acción, más fuerte se vuelve.
- Comprueba que sea viable. Una recomendación que nadie puede ejecutar es papel mojado. Pregúntate si quien la recibe —la institución, el profesional, otro investigador— tiene realmente los medios para llevarla a cabo. Lo ambicioso está bien; lo imposible resta credibilidad.
- Usa una redacción propositiva y ordenada. Fórmulas como "Se recomienda…", "Se sugiere…", "Conviene…" funcionan bien. Si tienes varias, numéralas o agrúpalas por tipo (prácticas, futuras investigaciones, institucionales) para que el lector las recorra sin perderse.
- Mantente dentro de tu alcance. No recomiendes sobre temas que tu estudio no abordó. La autoridad de tu recomendación viene de tus datos; en cuanto te sales de ellos, pierdes el respaldo que la sostiene.
Un buen ejercicio antes de escribir es revisar la coherencia de todo el hilo: pregunta, objetivos, resultados, conclusiones y recomendaciones deben leerse como una sola línea recta. Si tus objetivos no quedaron del todo claros desde el inicio, esa falta de foco se nota justo aquí; por eso conviene tenerlos bien definidos, como explicamos en la guía sobre cómo redactar los objetivos de la tesis.
¿No sabes si tus recomendaciones se sostienen?
El cierre de la tesis es lo que más mira el jurado, y una recomendación sin sustento puede costarte la sustentación. En Mentary revisamos contigo que cada recomendación nazca de un hallazgo real, sea viable y esté bien redactada según las normas de tu programa.
Quiero revisar mis recomendacionesEjemplos genéricos de recomendaciones bien planteadas
Para que veas cómo se traduce la teoría, aquí tienes ejemplos genéricos de cada tipo. Fíjate en que todos son concretos y se podría imaginar de qué hallazgo salieron:
- Práctica: "Se recomienda al equipo incorporar una lista de verificación antes de cada entrega, con el fin de reducir los errores de registro identificados en este estudio."
- Para futuras investigaciones: "Se sugiere replicar esta investigación con una muestra de mayor tamaño y en otras regiones, para evaluar si los patrones encontrados se mantienen en contextos distintos."
- Institucional o de política: "Se recomienda a la dirección incorporar, dentro del plan anual de formación, un módulo específico sobre el tema analizado, dado el impacto observado en los resultados."
Compáralos con sus versiones débiles —"se debería trabajar mejor", "se sugiere seguir investigando", "hay que mejorar la formación"— y notarás de inmediato la diferencia. Las primeras dicen qué, quién y por qué; las segundas podrían pegarse en cualquier tesis del mundo sin cambiar una coma. Esa es exactamente la línea que separa una recomendación que suma de una que el jurado tacha.
Errores frecuentes al escribir las recomendaciones
Casi todos los problemas en este apartado se reducen a cuatro errores. Si los evitas, ya estás por encima de la mayoría:
- Recomendar sin sustento. Proponer acciones que tus datos no respaldan. Si tu estudio no midió costos, no recomiendes recortar presupuesto; si no evaluó una herramienta, no la recomiendes. Cada propuesta necesita un hallazgo detrás.
- Recomendaciones vagas. Frases como "se sugiere mejorar", "se debe optimizar" o "conviene fortalecer" no dicen nada. Sin un qué, un quién y un cómo, la recomendación se evapora. Concreta siempre.
- Salirte del alcance. Convertir el apartado en una lista de deseos sobre temas que no investigaste. Tu autoridad termina donde terminan tus datos; pasarte de ahí debilita todo lo demás.
- Repetir las conclusiones con otras palabras. El error más típico: parafrasear lo que encontraste y llamarlo recomendación. Recuerda la frase clave —conclusión = qué encontraste, recomendación = qué hacer con eso—. Si tu "recomendación" no propone una acción, todavía es una conclusión disfrazada.
Estos detalles de cierre forman parte de algo más grande: la coherencia de toda la tesis. Si quieres tener el panorama completo del proceso, desde el arranque hasta el cierre, te recomendamos nuestra guía general sobre cómo hacer una tesis paso a paso.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la diferencia entre conclusiones y recomendaciones?
La conclusión dice qué encontraste; la recomendación dice qué hacer con eso. Una resume tus hallazgos mirando hacia atrás; la otra propone acciones mirando hacia adelante.
¿Van juntas o en un apartado aparte?
Depende de las normas de tu universidad. En cualquier caso, no las mezcles en el mismo párrafo: primero la conclusión, luego la recomendación que se deriva de ella.
¿Cuántas recomendaciones debe tener una tesis?
No hay número fijo. Entre tres y seis bien sustentadas suelen bastar. Mejor pocas y concretas que una lista larga de frases genéricas.
¿Puedo recomendar algo que no estudié?
No como propuesta de acción. Si quieres señalar un tema que no abordaste, hazlo como recomendación para futuras investigaciones, no como algo que tus datos respalden.
¿Las recomendaciones llevan citas?
Por lo general no, porque son propuestas tuyas derivadas de tus resultados. Lo que sí debe quedar claro es de qué hallazgo sale cada una.
En resumen
Las recomendaciones son el cierre que conecta tu tesis con el mundo: toman lo que descubriste y proponen qué hacer con ello. Tenlas claras frente a las conclusiones —una dice qué encontraste, la otra qué hacer con eso—, ordénalas por tipo (prácticas, para futuras investigaciones, institucionales) y redáctalas concretas, derivadas de tus hallazgos y viables. Evita recomendar sin sustento, las frases vagas, salirte del alcance y repetir las conclusiones. Si haces eso, este apartado pasará de ser el que más dudas te genera al que mejor demuestra que entendiste tu propia investigación.
